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De los Tanaim al Rambam


Época de los Tannaim y la Compilación de la Mishná (c. 70 – 220 e. c.) Tras la destrucción del Segundo Templo y el establecimiento de la academia de Yavné por Rabbán Yojanán ben Zakai, la línea de los Tannaim continuó a través de sabios como Rabí Akiva y Rabí Meir. Con la expansión del dominio romano y el incremento de las persecuciones, el número de estudiantes comenzó a disminuir y la comunidad se vio obligada a dispersarse hacia tierras lejanas. Ante el riesgo de que la Torá Oral terminara siendo olvidada, Rabí Yehudá HaNasí (Rabino Judá el Príncipe) tomó la determinación histórica de recopilar y redactar la Mishná a principios del siglo III e. c..

La Mishná fue estructurada en Seis Órdenes (Shishá Sedarím: Zeraím, Moed, Nashím, Nezikín, Kodashím y Toharot) para servir como la base condensada de la ley oral. Para complementar y explicar la Mishná, sus discípulos compilaron colecciones adicionales: Rav organizó el Sifra y el Sifré, Rabí Jiyya compiló la Tosefta, mientras que Rabí Hoshaya y Bar Kappara compilaron las Baraitot.

Época de los Amoraim y la Redacción de los Talmudes (c. 220 – 500 e. c.) Fijado el texto de la Mishná, los sabios conocidos como Amoraim estudiaron y analizaron sus dictámenes tanto en la Tierra de Israel como en Babilonia, resolviendo diferencias de interpretación respecto a las decisiones de las generaciones precedentes. De este proceso de análisis surgieron dos grandes compilaciones:

  • Talmud de Jerusalén (Yerushalmi): Compilado principalmente por Rabí Yojanán en la Tierra de Israel casi trescientos años después de la destrucción del Templo.

  • Talmud de Babilonia (Bavli): Compilado aproximadamente un siglo después por Rav Ashí en Babilonia, incorporando las discusiones, ordenanzas y exégesis legales desarrolladas desde la época de Moshé hasta el cierre de la Guemará.
  • Aquí puedes leer una interesante historia de la época.

Época de los Gaonim (c. 500 – 1038 e. c.) Tras el período de la Guemará, la dirección espiritual del pueblo judío recayó en los Gaonim, los líderes de las academias babilónicas de Sura y Pumbedita. Dado que el Talmud estaba redactado en arameo mezclado con otras lenguas, los Gaonim se dedicaron a descifrar sus pasajes más complejos y a responder a las consultas (Responsa) que les enviaban desde comunidades dispersas por el mundo. Durante este ciclo surgieron comentarios monográficos y códigos tempranos, destacando figuras de gran peso de la época como Saadiá Gaón.

Transición a la Diáspora y la Era de los Rishonim Con la posterior decadencia de las academias en Babilonia y la dispersión geográfica, los centros de estudio de la Torá se trasladaron a España (Sefarad), el norte de África y el continente europeo. En esta fase destacaron grandes maestros como Rabí Nissim ben Yaakov e Ibn Ezra, marcando el inicio de la era de los Rishonim (los primeros sabios rabínicos medievales).

El Rambam (Maimónides, 1135 – 1204 e. c. / 4937 A.M.) En este contexto de dispersión e inestabilidad para las comunidades nació en Córdoba Rabí Moshé ben Maimón (el Rambam), quien posteriormente se radicaría en Egipto ejerciendo la medicina y desempeñándose como líder comunitario. El Rambam reestructuró la codificación de la ley y el pensamiento judío mediante tres obras fundamentales:

  • Comentario a la Mishná: Redactado originalmente en árabe, incluye en su introducción al décimo capítulo del Tratado Sanedrín (Perek Jélek) la formulación sistemática de los 13 Principios de Fe del judaísmo.

  • Mishné Torá: Culminado hacia el año 4937 A.M. (1177-1178 e. c.), constituye un código legal sistemático en hebreo que sintetizó toda la Torá Oral, decretos, costumbres y decisiones halájicas recopiladas desde Moshé hasta la finalización del Talmud y la época de los Gaonim. Entre sus tratados incluyó Hiljot Melajim u'Miljamot, donde legisló los preceptos aplicables a la humanidad (Leyes Noájidas).

  • Guía de los Perplejos (Moré Nevujim): Obra de carácter filosófico concebida para orientar a los estudiantes perplejos ante la filosofía griega y las ciencias de la época, demostrando la consistencia entre la verdad demostrable y la Revelación divina en la Torá.


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