El Camino de Dios Introducción
La ventaja de conocer las cosas según el esquema de sus partes, conforme a sus divisiones y al orden de sus relaciones, frente al conocerlas sin distinción, es como la ventaja de ver el jardín ornamentado en sus arriates y embellecido en sus caminos y en las filas de sus plantaciones, frente a ver el matorral de cañas y el bosque que crece en confusión. Pues, ciertamente, la representación de muchas partes de las cuales no se conoce su vínculo y su grado verdadero en la construcción del todo que está compuesto por ellas, ante el intelecto que desea conocer, no es sino una carga pesada sin encanto, con la que se cansará, se esforzará, se fatigará y se agotará, y no tendrá descanso. Pues he aquí, cada una de ellas, cuando su imagen llegue a él, no dejará de despertar en él el deseo de llegar hasta su finalidad, y esto no subirá a sus manos (no logrará), dado que le falta la compleción de su asunto; ya que una gran parte de la cosa son sus relaciones con las cosas que se relacionan con ella y su grado en la existencia, y esto está oculto para él, y resulta que su deseo lo atormenta sin saciarlo y su anhelo lo hiere y no hay descanso. No es así aquel que conoce la cosa según sus modos, que al estar su objeto revelado ante sus ojos claramente tal como es, irá caminando y el intelecto hacia donde se torne, allí (estará), y con la belleza de sus obras se deleitará y se recreará.
Y he aquí, el conjunto de lo que necesitará el hombre que examine su objeto es su grado verdadero que mencionamos. Y esto es, pues he aquí que cuando examinemos el conjunto de las existencias, las tangibles y las intelectuales, que son el conjunto de todo lo que se representa su imagen en nuestro intelecto, encontramos que no todas ellas son de un tipo y un grado, sino tipos distintos y grados cambiantes. Y conforme al cambio de su tipo, así cambiarán sus juicios y sus leyes, y esto es de lo que nos obliga a distinguir entre ellas en nuestro entendimiento, para que podamos captarlas según su verdad, cada una conforme a su ley.
Y, ciertamente, los jefes de los grados y los tipos son uno, y ellos son lo que es apropiado que se examine en el objeto para conocer de cuál de ellos es, y ellos son: el todo y la parte, el general y el particular, la causa y el efecto, el sujeto y el adjunto. Y esto es lo que buscaremos primero en el objeto: saber si es un todo o si es una parte, si es un general o un particular, si es una causa o un efecto, si es un sujeto o un adjunto.
Y he aquí, conforme a su grado, así se examinarán en él las distinciones que, conforme a su naturaleza, son necesarias para la compleción de su entendimiento y la representación de su asunto. Si es una parte, buscará conocer el todo del cual es parte; si es un particular, investigará sobre su general; si es una causa, investigará sobre su efecto; si es un efecto, sobre su causa; si es un adjunto, buscará su sujeto. E investigará asimismo para conocer qué tipo de entre los tipos de adjuntos es: si es previo, si es consecuente, si es acompañante, si es esencial, si es accidental, si es en potencia o si es en acto. Todas ellas son distinciones que no se completará la representación del asunto sin ellas. Y sobre todo, reflexionará sobre la naturaleza del asunto para saber si es absoluto o limitado, y si es limitado, investigará sobre sus límites, pues ciertamente todo asunto verdadero se vuelve falso si se atribuye a un sujeto no apto para él, o si se toma sin su límite.
Y ciertamente necesitas reflexionar que he aquí el número de los particulares es muy inmenso para que los contenga el intelecto del hombre, y le es imposible conocerlos todos. Pero aquello en lo que es apropiado que se esfuerce es el conocimiento de los generales, pues todo general, por su naturaleza, incluye muchos particulares. Y cuando alcance un general, resulta que alcanza automáticamente un gran número de los particulares, aun cuando no los haya distinguido todavía ni reconocido que son los particulares de ese general. Pues he aquí, cuando uno de ellos llegue a su mano, no dejará de reconocerlo, dado que ya es conocido para él el asunto general, el cual es imposible que ellos existan sin él. Y así dijeron nuestros sabios (de bendita memoria): "Que las palabras de la Torá estén siempre en tus manos como generales, y no como particulares".
Pero lo que necesitará en el conocimiento de los generales es conocerlos con todos sus límites y sus distinciones, tal como dijimos antes. E incluso cosas que parecen al principio carentes de consecuencia, necesitas conservarlas y poner en ellas tu corazón, y no las desprecies, pues no hay cosa pequeña o grande en el general que no tenga lugar de consecuencia en los particulares; y lo que no añadirá ni restará en algunos particulares, he aquí que engendrará una consecuencia grande en otros. Y al ser el general un general para todos, necesita que haya en él lo que sea suficiente para todos. Por ello, necesitas ser minucioso en esto grandemente y reflexionar sobre su asunto y sobre sus relaciones y sus vínculos con una gran minuciosidad, y distinguir muy bien su continuación y su encadenamiento: cómo se derivan un asunto de otro, desde la cabeza hasta el final, y entonces triunfarás y entonces comprenderás.
Y he aquí que, conforme a estas palabras, he compuesto para ti, lector amable, este pequeño tratado, y mi intención en él es presentar ante ti los generales de la fe y el servicio (a Dios) de forma clara, de manera que puedas pararte sobre ellos con certeza, y se representen en tu intelecto una representación suficiente, salvada de la confusión y el desconcierto, y verás sus raíces y sus ramas en sus grados, con la claridad posible, de modo que se establezcan sobre tu corazón y los adquieras en tu intelecto de la forma más selecta. Y de ahí en adelante te será fácil encontrar el conocimiento de Dios en todas las partes de la Torá y sus interpretaciones, y pararte sobre todos sus misterios, como la bendición de Hashem, tu Dios, que te dará.
Y he aquí que me he esforzado en ordenar los asuntos en un orden que me pareció más apropiado, y con palabras que consideré las más aptas para darte una representación completa de estas cosas que he terminado de enseñarte. Por ello, también tú ahora necesitas ser minucioso sobre todo esto y guardar todo esto con una guardia excelente, hasta que encuentres el lugar que te sea útil, y no renuncies a ninguna minuciosidad, no sea que se te oculte un asunto necesario. Pero esto que harás: serás minucioso en todas las palabras y te esforzarás por pararte sobre el contenido de los asuntos y capturar toda su verdad en tu intelecto, y encontrarás para ti descanso que te será bueno.
Y he aquí que llamé al nombre del libro Derej Hashem (El Camino de Dios), pues he aquí que él es un general de Sus caminos, sea Él bendito, que nos reveló a través de Sus profetas y nos notificó en Su Torá, y con ellos nos guía a nosotros y guía a todas Sus criaturas. Y lo he dividido en cuatro partes: la primera, hablaré en ella sobre el conjunto de los fundamentos de la existencia y sus particularidades; la segunda, sobre Su providencia, sea Él bendito; la tercera, sobre la profecía; y la cuarta, sobre el servicio (a Dios). Y tú, hermano mío, todo buscador de Hashem, en este camino anda, y Hashem estará contigo y te dará ojos para ver y oídos para escuchar las maravillas de Su Torá, así sea Su voluntad.