Suscríbete a nuestro canal @npcrecer | Donar vía MercadoPago | ¡Ayúdanos a seguir difundiendo luz! | ||| ¡Gracias por tu apoyo!

17. Jibur Yafé Mehayeshuá - El relato de rabí Meir, que salvó a la hija de Rajavet


El relato de rabí Meir, que salvó a la hija de Rajavet

Cuando fue ejecutado rabí Jananías ben Tardión, ordenó el rey sentar a su hija en una cabina de rameras (Avodá Zará 18), y su hermana era la esposa de rabí Meir, su nombre Beruria. Y le dijo a rabí Meir: «Señor mío, suplica por favor ante el Señor, tu Dios, para salvar a mi hermana de este lugar malo y de aquel hombre».

Y lo hizo así rabí Meir, y tomó cuatrocientos zuzim, y fue hasta el lugar donde ella está sentada allí, y dijo: «Por favor, Oh Señor, si esta joven es casta y se guarda de todo mal, haz conmigo un milagro para salvarla».

Y se disfrazó, y vino hacia ella, y le dijo: «Toma este dinero y me acostaré contigo».

Y ella dijo: «No, señor mío, no es correcto hacer esto, pues yo estoy en estado de nidá [menstruación]».

Y añadió aun a persuadirla, y no pudo con ella. Y le quedó claro que ella era pura, y que ningún hombre se había acercado a ella.

Y fue al jefe de la cárcel, y le dijo: «Dame a esta joven, y toma estos cuatrocientos denarios. Y si el rey la reclama, le persuadirás con doscientos zuzim, y te quedarán doscientos zuzim. Y si el rey ordena matarte, y te vieres a ti mismo en angustia, dirás: "El Dios de rabí Meir me ha salvado", y no te hará daño».

Y le dijo el jefe de la cárcel: «¿Cuál es la señal de que me salvará tu Dios conforme a tus palabras?».

Y le dijo: «He aquí que los perros de la casa del rey son grandes y malos, y muerden al pueblo».

Le dijo: «Tráeme a ellos, y verás lo que te haré».

Y fue con él hasta los perros, y se levantaron contra él para devorarlo y tragarlo, y dijo: «Dios mío, sálvanos», y se levantaron de sobre él.

Y cuando vio esta señal, el jefe de la cárcel tomó los zuzim, y le entregó a la joven. Y se fueron ambos.

Y se le dio a conocer el asunto al rey, y el rey ordenó matar y colgar al jefe de la cárcel. Y vinieron los eunucos del rey para capturarlo, y él dijo: «El Dios de rabí Meir me ha salvado de ellos», y no pudieron acercarse a él. Y le dijeron: «Decláranos cuál fue el asunto». Y les contó todo su hecho, y le dijeron: «Haznos la forma de este hombre, y ponla sobre la puerta de la ciudad», y lo hizo así.

Y ordenó el rey que todo el que viera a un hombre como esta forma, que lo capturara y lo trajere al rey.

Y aconteció un día que lo vieron los guardias, y lo persiguieron, y huyó delante de ellos hasta que entró en el mercado de las rameras. Y dijeron: «No entrará un hombre como este a la casa de las rameras», y se volvieron de sobre él.

Y tomó rabí Meir a su esposa Beruria y a su hermana, y trasladó su tienda a Babilonia.

Observa el relato de la mujer justa: en virtud de que se guardó a sí misma de la transgresión, el Santo, bendito sea Él, la salvó de mano de los malvados. Dijo la Escritura: «Engañosa es la gracia y vana la hermosura», etc.

Por tanto, las mujeres justas deben mantenerse firmes en su justicia, para enseñar a las mujeres sus obras, para que no sean de aquellas de quienes dijo Salomón, de su memoria bendita: «Un hombre entre mil hallé, y mujer entre todas ellas no hallé».


Comentarios

Sé el primero en dejar una reflexión o comentario sobre esta lectura...

Escribe un comentario