El relato de rabí Jiyá, que llevaba a su esposa toda buena cosa
Y asimismo la esposa de rabí Jiyá lo enojaba y contravenía sus palabras, y si rabí Jiyá hallaba cualquier cosa, la ataba en la extremidad de su manto y se la llevaba.
Y le dijo Rav: «¿Acaso no te quejas de tu esposa y por qué le haces así?».
Le dijo: «Porque ellas crían a nuestros hijos y nos libran del pecado».
(Berajot 60) Y en la tierra de Israel madrugaban para ir a la casa del novio y le preguntaban: «Mátsa» [halló] o «Motz» [hallador/hallando], es decir, «El que halló esposa halló el bien», etc., o «Motz», es decir, «Y hallo más amarga que la muerte a la mujer», etc.
Y dijeron nuestros maestros, de su memoria bendita: un remedio para tocarla a la mujer mala y su ketubá es numerosa, su rival está a su lado, pues dicen las personas: [mejor] con la compañera de ella y no con su nuera, pues no hay mujer que sienta envidia sino del muslo de su compañera, por cuanto ella deseaba sus asuntos más de lo que se le pagará de su ketubá; y si fuere rico, la repudiará y no la dejará junto a él ni una sola hora, tal como está dicho: «Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la pleito», etc.
Y dijo Ben Sirá: «Una mujer buena en el seno de quien teme a Dios será dada; una mujer mala es lepra para su esposo». ¿Cuál es su remedio? Que la repudie y se sane de su lepra.
Y dijo Ben Sirá: «Una hija para su padre es un tesoro vano; por causa de su temor no duerme de noche», por cuanto teme por ella en su juventud no sea que la tiente un hombre. Y en el tiempo de su nidá, para que no suceda que no le venga el hábito de las mujeres y no dé a luz. Y que no tenga pechos, y que le duela en el tiempo de la cohabitación, y que su voz sea ronca como la voz de un hombre.
Y además teme por ella, no sea que sea imprudente y estéril. O tal vez no se case. O tal vez se case con un hombre que no sea digno.
Y además teme por ella, no sea que no sea modesta y temerosa de Dios, o que sea hechicera. Bienaventurado quien es merecedor de hijos dignos, pues no sabe el hombre cuál será el mejor, este o aquel, si hija o si hijo, y bienaventurado aquel [en quien] ambos son buenos.