El relato de rabí Akiva y su esposa
Y ahora te relataré un relato acerca de este asunto, que hizo cierta mujer buena de entre las hijas de los ricos. Dijeron nuestros maestros, de su memoria bendita (Nedarim 50), que había un hombre en la tierra de Israel, su nombre Kalbá Savu‘á, y por qué fue llamado su nombre así: porque si entraba a su casa aun el perro y él estaba hambriento, lo hacía saciarse.
Y rabí Akiva era pastor de su ganado. Y tenía Kalbá Savu‘á una sola hija, hermosa y agraciada, y amó a rabí Akiva, y le dijo: « Tómame por mujer ». Y él dijo: « Haré conforme a tus palabras ».
Y se le declaró a Kalbá Savu‘á, y se enardeció de ira hasta la muerte, y votó un voto ante Dios de no darle de su riqueza nada, por cuanto ella quiso a un am ha-aretz [ignorante de la Torá]; y la hija no se preocupó por todo esto.
Y la tomó rabí Akiva por mujer, y le habló al corazón, y le dijo: « Mira nuestra pobreza y nuestra indigencia, y sé paciente y espera en Dios, pues si tengo riqueza, te haré una corona de oro ».
Estaban conversando juntos, hasta que llamó un pregonero sobre ellos y dijo: « Tengo una esposa embarazada y quiere dar a luz, y no tengo vestidura con qué dar a luz; tal vez hagáis conmigo misericordia y me deis alguna vestidura ».
Y le respondió rabí Akiva: « Mira que el Santo, bendito sea Él, nos ha hecho el bien ».
Y aconteció a los días, que le dijo: « Escúchame, señor mío, y toma mi consejo, y aprende Torá de rabí Eliezer y de rabí Iehoshúa durante doce años ».
Y regresó a su ciudad, y con él doce mil discípulos. Y oyó a un hombre que injuriaba a su esposa y le decía: « Oí lo que te hizo tu padre, que te casaste con un pastor de ganado, un am ha-aretz que no era digno para ti, y después de que te tomó se fue por su camino desde hoy hace doce años, y he aquí que tú estás como viuda en vida ».
Y respondió su esposa y dijo: « Mi deseo es que regrese a estudiar otros doce años más, y que no vuelva siendo un am ha-aretz ».
Y aconteció que al oír todo esto, rabí Akiva regresó a su casa de estudio, y aprendió Torá otros doce años más, y regresó a su casa después de ello, y con él veinticuatro mil discípulos. Y se apresuraron los ancianos de la ciudad a su encuentro, y vino con gran honor, y no sabían quién era.
Y envió a hablar a su esposa para que saliera, y ella no tenía qué ponerse sino vestiduras rotas. Y dijo: «El justo conoce la causa de los pobres». Y salió a su encuentro, y cayó sobre su rostro. Y vinieron los discípulos para apartarla de delante de él.
Y respondió y les dijo: « Dejadla, pues su alma está amargada, y ella hizo posible para mí aprender esta Torá que aprendí y que aprendisteis vosotros ».
Y oyó Kalbá Savu‘á que un hombre sabio había venido a la ciudad, y salió también él a su encuentro para preguntarle si acaso le disolvería su voto, pues estaba entristecido por su hija que estaba carente de todo.
Y le preguntó el hombre y le dio a conocer su voto, y le dijo rabí Akiva: « ¿A causa de quién votaste este voto? ».
Le dijo: « A causa de que se casó con un hombre que no era digno de ella, y no había en él ni Torá ni riquezas ».
Y le dijo rabí Akiva: « ¿Y si hubiese sido sabio como yo, habrías votado este voto? ».
Le dijo: « ¡Líbreme Dios!, pues si hubiese estudiado aun un solo capítulo, le habría dado la mitad de mi riqueza ».
Y le dijo: « Yo soy tu yerno, el esposo de tu hija ».
Y se levantó hacia él, y besó su cabeza, y lo abrazó y lo besó, y le dio la mitad de su riqueza.
Y rabí Akiva llegó a ser muy rico, y le hizo a su esposa una corona de oro tal como le había dicho, y el Santo, bendito sea Él, los libró de su tribulación, y multiplicó sus riquezas y sus bienes.
Mira a cuánto gran honor llegó este hombre por la mucha Torá que aprendió de en medio de la gran pobreza.