Suscríbete a nuestro canal @npcrecer | Donar vía MercadoPago | ¡Ayúdanos a seguir difundiendo luz! | ||| ¡Gracias por tu apoyo!

4. Jibur Yafé Mehayeshuá - rabí Yehoshua ben Leví y Elías


Anterior
El relato de rabí Yehoshua ben Leví y Elías

Rabí Yehoshua ben Leví halló un asunto por el cual se desmayó y se aterrorizó, hasta que se le reveló el secreto de la verdad y la esencia de la rectitud, y se le dio a conocer su duda y se le aclaró. Y esto es que ayunó muchos días, se sentó en ayuno y suplicó a su Creador —bendito sea Su nombre— que le mostrase a Elías, que su memoria sea para bendición.

Y he aquí que Elías vino a su encuentro y se le apareció, y le dijo: «¿Tienes algún deseo conmigo? Lo cumpliré para ti». Y le dijo rabí Yehoshua: «Deseo anhelante ir contigo y ver tus obras en el mundo, para beneficiarme de ti y aprender de ti gran sabiduría». Y le dijo Elías: «No podrás soportar todo lo que veas de mis obras y te fatigaré al hacerte saber las pruebas de mis hechos y mis actos». Y le dijo rabí Yehoshua: «Señor mío, no preguntaré, ni pondré a prueba, ni te fatigaré con preguntas, pues mi deseo es ver tus obras y tus palabras, cómo son, y nada más».

Y Elías hizo un pacto con él: que si rabí Yehoshua le preguntaba acerca de los motivos de sus obras —de entre las señales y maravillas— para que se los diera a conocer del mismo modo, si le planteaba cualquier pregunta, no andaría más con él.

Después de esto, ambos caminaron juntos hasta que llegaron a la casa de un hombre pobre, indigente y menesteroso, que no tenía absolutamente nada salvo una sola vaca que estaba con él en el patio. El hombre y su esposa estaban sentados a la entrada de la puerta; los vieron venir en dirección a ellos, salieron a su encuentro, les preguntaron por su paz, se regocijaron con ellos, los hicieron sentar en el mejor lugar de su casa, trajeron ante ellos lo que les aconteció para comer y beber; comieron, bebieron y pernoctaron allí.

Y al llegar la mañana, se levantaron para ir por su camino, y Elías oró por la vaca y murió de inmediato. Y ambos se fueron. Rabí Yehoshua vio aquello, se maravilló del asunto, se desmayó y dijo en su interior: «No hubo recompensa para este pobre por el honor con el que nos honró, sino matar su vaca, no teniendo él otra». Y le dijo a Elías: «Señor mío, ¿por qué mataste la vaca de este hombre, habiéndonos honrado él?». Y respondió Elías y le dijo: «Recuerda el pacto que hubo entre tú y yo, de callar, guardar silencio y enmudecer; a menos que tu deseo sea apartarte de mí, te lo digo». Y él guardó silencio sobre sus preguntas y no le respondió más.

Y ambos caminaron todo el día. Y al llegar la tarde, llegaron a la casa de un hombre rico, el cual no se volvió hacia ellos ni les prestó atención para honrarlos. Se sentaron en su casa sin comida y sin bebida. Había en la casa del hombre rico una pared que se había caído, y él tenía la intención de reconstruirla. Al llegar la mañana, Elías oró y edificó la pared. Y ambos partieron de allí. El dolor y el asombro se incrementaron en el corazón de rabí Yehoshua por la obra de Elías, pero dominó su impulso de preguntarle por qué había sido aquello.

Y caminaron por su camino todo el día, y llegaron al atardecer a una gran sinagoga donde había asientos de oro y plata, y cada uno de ellos estaba sentado en su trono, cada hombre conforme a su dignidad y su honor. Y dijo uno de ellos: «¿Quién alimentará a estos pobres esta noche?». Y respondió uno de ellos diciendo: «Basta para ellos con el pan, el agua y el vestido que les traerán aquí y esperarán», y no los honraron debidamente ni como correspondía. Pernoctaron y se sentaron en su lugar hasta la luz de la mañana. Y a la mañana, se levantaron y ambos partieron, y les dijo: «¡Que Dios os haga a todos cabezas!». Y caminaron por su camino todo el día, y a rabí Yehoshua se le añadió dolor sobre dolor, mas no respondió.

Y llegaron hasta una ciudad, y el sol declinaba hacia el poniente. Los dueños de la ciudad los vieron, salieron a su encuentro con buena disposición y gran alegría, los recibieron con rostro risueño, se regocijaron con ellos, los hicieron sentar en el mejor lugar de su casa, en la casa más grande de entre ellos; comieron, bebieron y pernoctaron allí con gran honor. Y al llegar la mañana, Elías oró y dijo: «Que el Santo, bendito sea Él, no os dé sino una sola cabeza».

Y al escuchar rabí Yehoshua sus palabras, no pudo contenerse ni guardar silencio ante todas estas obras que había hecho, y le dijo a Elías: «Ahora hazme saber tus secretos». Y le dijo Elías: «Puesto que está en tu corazón apartarte de mí, te lo explicaré todo y te haré saber el secreto de las cosas y la esencia de las obras que viste.

Sabe que el hombre a quien maté su vaca, en aquel día estaba decretado que su esposa muriera, y yo supliqué a Dios para que su vaca fuera el rescate por el alma de su esposa. Y además vi de parte de la mujer mucha bondad y un gran beneficio en su casa.

Y el hombre rico a quien le edifiqué la pared: si yo lo hubiera dejado construirla, habría descubierto sus cimientos y habría hallado en ella un gran tesoro de oro y plata; por eso se la construí, y he aquí que pronto la pared caerá y no volverá a ser edificada.

Y los hombres por los cuales oré pidiendo multitud de príncipes y multitud de cabezas: porque eso es un mal para ellos y una gran disputa en su consejo y su pensamiento, ya que en todo lugar donde hay [muchas] cabezas, este es corrompido, destruido y arruinado.

Y los hombres por los cuales oré pidiendo una sola cabeza: eso es un bien para ellos y su establecimiento, ya que sus obras y su consejo se volverán a un solo designio, se alegrarán, y ninguna disputa vendrá entre ellos, ni su consejo cambiará, ni su pensamiento será frustrado. Por eso dice el dicho: “En la multitud de remeros se hunden los naves”, y asimismo se dijo: “Con una sola cabeza se establece una ciudad”».

Y además ordenó Elías y le dijo: «He aquí que me voy de tu lado, por lo tanto te haré saber aquello en lo que te beneficiarás: si ves a un malvado a quien la hora le sonríe, no te incite tu impulso ni te maravilles de él, puesto que es para su mal; y si ves a un justo afligido y apesadumbrado todos los días de su vida y fatigado, que permanece en hambre, sed, desnudez y falta de todo, o azotes vienen sobre él, no se encienda tu ira, ni te enojes en tu espíritu, ni te desvíe tu impulso y tu corazón para pensar ninguna duda sobre tu Creador, y afírmalo en tu entendimiento y en tu corazón, porque Él es justo y su juicio es justo, y sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ¿quién le dirá qué haces?».

Y después de eso, el uno preguntó por la paz del otro, y él se fue por su camino.


Comentarios

Sé el primero en dejar una reflexión o comentario sobre esta lectura...

Escribe un comentario