El relato de Elishá ben Abuyá
Y ya se extravió un sabio de los sabios de Israel, se apartó de la recta razón, apartó su corazón del camino de la verdad y renegó de lo fundamental a causa de estas contradicciones. Y el nombre del hombre era Elishá ben Abuyá, y él estaba en una gran dignidad en la Torá y en la sabiduría (véase Ḥulin 102).
Y sucedió un día, estando andando, que oyó la voz de un hombre que decía a su hijo: «Hijo mío, sube al palomar y bájame de los pichones, y despide a la madre tal como mandó el Señor a Moisés, pues yo amo comerlos, para que te vaya bien y prolongues tus días». Y dijo Elishá: «Esto ciertamente lo prometió el Santo, bendito sea Él, a quien honra a sus padres y cumple sus mandamientos, para multiplicar su recompensa y prolongar sus días, pues está dicho: “Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días”. Y asimismo prometió a quien encuentra un nido de pájaro, toma los pichones y despide a la madre, dar buena recompensa y longitud de días, pues está dicho: “Despedirás a la madre y los pichones tomarás”, etc.». Y dijo: «He aquí los dos mandamientos grandes y estimados, y el Santo, bendito sea Él, prometió a quienes los cumplen la longitud de días. Y ahora, sin duda este muchacho merece la recompensa de ambos».
Y el muchacho no tardó en hacer el asunto, pues deseaba cumplir el mandamiento de su padre y realizar el “despedirás”. Subió al palomar, tomó las palomas y despidió a la madre. Y al bajar, se rompió la escalera, cayó a la tierra y murió.
Y dijo Elishá: «¿Dónde está la longitud de días de este y los bienes de este?». Y el hombre se desmayó y trastabilló, y le pareció poco renegar de la resurrección de los muertos, y dijo: «No hay retribución, ni cuenta, ni hacedor para el hombre por sus obras». Y salió de la generalidad de Israel por no haber comprendido lo fundamental y la raíz, y no supo, delinquió y cargó su iniquidad.
Pues este versículo que dijo el Santo, bendito sea Él, “para que se prolonguen tus días”, aludió en él al mundo venidero, que no tiene fin ni término para él, para su bien y su dulzura, tal como se dice: “para que te vaya bien” en el mundo venidero, en el que no hay angustia ni estrechez para los justos, tal como dijeron nuestros maestros, que su memoria sea para bendición: “para que se prolonguen tus días” para el mundo que es enteramente largo; “y para que te vaya bien” para el mundo que es enteramente bueno.
En aquella hora se quemaron las halajot de Elishá ben Abuyá, y se oyó una voz celestial (bat kol) que decía: «Volved, hijos rebeldes», excepto Elishá ben Abuyá. Y ese hombre era el maestro de rabí Meir, y su nombre fue llamado Ajer (el Otro) porque salió de la generalidad de Israel. Y sobre él se dijo: «Enmudezcan los labios mentirosos que hablan contra el justo cosas duras», etc.; «justo» es el Santo, bendito sea Él, como se dice: «Justo y recto es Él».
Y a pesar de eso, no se abstuvo rabí Meir de estudiar Torá de su boca. Y ya se cuestionó este asunto en el Talmud, y dijeron: «¿Cómo es posible estudiar Torá de este renegado?». Y tras cuestionarlo, respondieron a esta dificultad y propusieron una parábola de a qué se parece esto: a un hombre que encontró una granada, comió sus granos y arrojó las cáscaras.
Y cuando murió Elishá ben Abuyá, dijeron los sabios, que su memoria sea para bendición: «No nos es posible creer que él sea de los herederos del Guehinom [infierno], ya que está en una gran y estimada dignidad en la sabiduría; y asimismo no creemos que sea de los herederos del jardín del Edén, debido a que pecó, renegó de la resurrección de los muertos y dijo: "No hay retribución ni cuenta para el hombre después de su muerte"».
Y les dijo su discípulo rabí Meir: «Cuando parta del mundo, haré que veáis humo subiendo de su tumba, para que le sirva de expiación y perdón por sus pecados, y después sea de los herederos del jardín del Edén». Y cuando partió del mundo rabí Meir, subió humo de la tumba de Elishá ben Abuyá.
Y dijeron los sabios que rabí Yojanán se enojó por este asunto, y se enfureció muchísimo por lo que hizo rabí Meir, ya que él habría tenido la capacidad de quemar a su maestro con fuego. Y dijo rabí Yojanán: «Había entre nosotros un hombre que pecó y no pudimos rescatarlo para que no se quemara y no subiera humo de su tumba; sabed que cuando yo muera, apagaré el humo de su tumba».
Y cuando murió rabí Yojanán, cesó el humo de subir de la tumba de Elishá Ajer. Entonces el orador fúnebre abrió el elogio sobre rabí Yojanán y dijo: «Ni siquiera el guardián de la puerta estuvo ante ti, nuestro maestro». Es decir, tú llegaste a tu Creador en el mismo instante y momento en que tu alma se apartó de tu cuerpo, debido a la grandeza de tu honor y tu dignidad; no te detuvo impedimento alguno para llegar a Él, ni guardia ni portero, sino que entraste de inmediato como entra un hombre honorable ante el rey, el cual entra sin permiso ni palabra del rey, y no se lo impiden el guardia ni el portero. Y así tú, nuestro señor, en el momento en que llegaste a tu Creador, le pediste que apagara el humo de la tumba de Elishá, e hizo tu voluntad y tu deseo.
Por lo tanto, el hombre está obligado a mirar el caso de Elishá Ajer —y él era un gran sabio en la Torá—: cómo le pareció poco cometer una transgresión tan grande como renegar de lo fundamental y heredar el Guehinom. Y el hombre está obligado a enderezar su impulso, y no debe asombrarse si ve a un malvado prosperar en riqueza y honor, sabiendo que ello se rige por la justicia y la rectitud del Santo, bendito sea Él.
Y así aludió el rey Salomón —sobre él sea la paz— en su sabiduría y dijo: “Alzar el rostro del malvado no es bueno”. Es decir, no es bueno para el malvado su riqueza, su honor y su éxito; él piensa que es aceptado ante el Santo, bendito sea Él, y que sus palabras son bien recibidas porque lo ha colmado de riquezas y honores, y no sabe que le sobrevendrá lo contrario: en lugar de la riqueza efímera, el mal y el Guehinom perdurarán por los siglos de los siglos.
Tal como dijeron nuestros maestros, que su memoria sea para bendición: no es bueno para los malvados que se les muestre favoritismo en este mundo, puesto que en toda su riqueza y su poder no hacen ningún mandamiento ni obra de caridad, sino que salen de este mundo desnudos de mandamientos, vacíos de buenas acciones, desprovistos de justicias y piedades, tal como vinieron al mundo al nacer: con haliento vinieron y en tinieblas su nombre será cubierto.