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50. Jibur Yafé Mehayeshuá - El relato de Rabí Akiva, que enseñó Torá al hijo del impío


El relato de Rabí Akiva, que enseñó Torá al hijo del impío

Relato que fue (Tana de-Vei Eliyahu) de Rabí Akiva, que iba andando por el camino en el cementerio, y se topó con un hombre que era desnudo y negro como el carbón, y estaba cargado sobre su hombro un fardo de leña, y corría con ellos como un caballo. Cuando corría, decretó sobre él Rabí Akiva y lo detuvo. Le dijo: «¿Qué [le pasa] a aquel hombre para hacer un trabajo duro tan grande? Y si esclavo eres y tu amo viene sobre ti con astucia, yo te enriquezco».

Le dijo: «Por favor de ti, no me demores, no sea que se enojen contra mí los comisionados sobre mí». Le dijo: «¿Qué es esto y cuáles son tus obras?». Le dijo: «Aquel hombre muerto es, y todos los días y los días lo envían a cortar leña». Le dijo: «Hijo mío, ¿cuál era tu labor en el mundo del cual viniste?». Le dijo: «Rico y juez era, y era de los principales del pueblo, y hacía acepción de personas con los ricos, y mataba a los pobres». Le dijo: «¿Acaso oíste de aquellos comisionados sobre ti para esta calamidad alguna palabra que tenga en sí un remedio?». Le dijo: «Por favor de ti, no me demores, no sea que se enojen contra mí los dueños de la calamidad, pues aquel hombre no tiene remedio, sino que oí de ellos una palabra que no puede ser: que si no fuera porque tiene este varón un hijo que está de pie en la congregación y dice: "Bendecid al Señor, el Bendecido", y ellos responden en pos de Él: "Amén, que Su gran nombre sea bendecido", en seguida me desatan de la calamidad».

Y aquel hombre no había dejado hijo jamás, y dejó a su esposa encinta, y no sabe si dio a luz un varón. Y si dio a luz un varón, ¿quién le enseña Torá? Pues no tiene aquel hombre amigo en el mundo. En aquella hora, aceptó sobre sí Rabí Akiva ir y buscar si le dio a luz un hijo varón, para que le enseñe Torá y esté de pie delante de la comunidad. Le dijo: «¿Cuál es tu nombre?». Le dijo: «Akiva». «¿Y el nombre de tu esposa?». «Shushanbuz». «¿Y el nombre de tu ciudad?». Le dijo: «Lodkia». En seguida se angustió Rabí Akiva una gran angustia, y fue y preguntó por él. Cuando vino a aquel lugar, preguntó por él. Le dijeron: «Sean molidos los huesos de aquel hombre». Preguntó por su hijo. Le dijeron: «Incircunciso es, ni aun en el mandamiento de la circuncisión se ocupó en él».

Tomó a aquel Rabí Akiva, y lo circuncidó, y lo sentó delante de sí, y no recibía las palabras de Torá. Hasta que estuvo cuarenta días en ayuno. Salió una voz celestial y le dijo a Rabí Akiva: «¿Por esto tú ayunas?». Dijo delante de Él: «Dueño del mundo, ¿acaso no delante de Tí lo puse en orden?». En seguida abrió el Santo, bendito sea Él, su corazón, y aprendió Torá, y la Shemá, y la Birkat Ha-Mazón, y lo puso de pie delante de la comunidad, y dijo: «Bendecid al Señor, el Bendecido», y ellos responden en pos de él: «Bendito es el Señor, el Bendecido por siempre y para siempre». En aquella hora desataron al muerto de las calamidades. En seguida vino a Rabí Akiva en un sueño: “Oh Señor, Tu nombre es por siempre; oh Señor, Tu memoria por generación y generación” [Salmos 135:13].


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