Romás
A unas casas de la del anciano Jasín, vivía un niño particular junto a sus padres No era de compartir con otros niños; una situación triste, pero era debido al peligroso ambiente que había en Antoki.
Tenía 11 años.
Pero, a pesar de las complicaciones, tenía su forma de divertirse.
En el propio jardín de su casa, gustaba correr y trepar en el árbol que tenían al borde de un de los altos muros de cemento que protegían su hogar.
A veces perseguía a las aves que venían a posarse en las ramas, y jugaba con ellas tomándolas en sus dedos.
Un día, pasó algo que no había pasado antes, papá y mamá se discutieron por teléfono.
Luego de la llamada, mamá procuraba ocultarle su tristeza, pero él lo notó y eso también se entristeció.
Salió al jardín a jugar, pero cuando se acercó al árbol, sintió una energía salir de su cuerpo y un pajaríto cayó al suelo.
Pasaron los días y no había mencionado con certeza lo vivido en el jardín, pero un dia que llegó su padre de los viajes, se animó y les contó que había sentido tristeza porque se habían discutido, y que algo dentro de él había dañado al ave.
Lo mencionó de una forma tan inocente y pura, pero sus padres no le tomaron la importancia debida.
Pasado una semana, cuando ya el tema se había olvidado, Romás lo intentó nuevamente, esta vez a propósito.
Se acercó al árbol y comenzó a buscar.
Los pequeños gorriones se acercaban se concentraba, pero no ocurrió nada.
Desayunaron juntos y en el interín, la madre le contaba que abuela probablemente vendría pronto.
Romás veía que eso le animaba mucho a ella, aparentemente porque llegaba con un arsenal de recetas nuevas de Jok, recetas que su mamá adaptaba a un modelo más nutritivo para su pequeño hijo.
Recordó a su padre esos días no llegaba y que sus padres se habían discutido.
Romás se asustó, eran los motoristas del bosque.
Corrió a casa, y nuevamente sintió un fluir hacia el exterior.
Se paralozó de la sorpresa y se volteó a ver: un par de pájaros muertos en el suelo.
Recordó que el día en que el primer ave había muerto, el estaba triste y frustrado, y esta vez, se había sobresaltado por el ruido de los motorístas.
El no quería dañar a los animales, ni a nadie.
Fue donde su madre al living, quien estaba leyendo un libro.
Levanta su mirada azul y se sorprende al vez a su querido hijo casi llorando.
Se levanta y le abraza.
Romás levanta su mirada humedecida por la pena.
¿Soy yo, soy alguien malo?
No entiendo.
Los pájaros de nuevo cayeron al suelo, y creo que están muertos — terminó bajando la cabeza.
Y efectivamente, las aves estaban muertas en el suelo.
Su madre se espanta.
Parecía que Romás era capaz de magnetizarlos y dañarlos de alguna forma..
El niño se sentía confundido y guardó silencio.
La madre se acercó a las aves, se agachó y las tocó.
Romas le esperaba atrás.
¿Eso existe? —
Se levantó y demoró en responder.
Romás tampoco volvió a hablar.
Hasta que finalmente la mamá reaccionó.
Tomó la mano de Romás y lo llevó.
Acá puede ser peligroso.