Exorcismo de Rabi Yehuda Fetaya
Muchas veces, hombres y mujeres han acudido a consultarme por imágenes que visualizaron en estado de plena vigilia. No puedo relatar todos los casos, pero sí relataré una historia como ejemplo. En Tamuz 5671 (aprox. julio, 1911), después de la plegaria nocturna de Shabat, me fue presentado un niño de unos once años de edad que alegaba poder hablar con el Profeta Eliahu “cara a cara”; y que conversaban de manera fluida y articulada y no a través de meras visiones o artilugios esotéricos; y siempre que quería comunicarse con él, lo único que debía hacer el niño era invocarlo. La única condición era que el niño debía estar solo, no podía haber nadie más con él. Acto seguido, le asigné al niño una habitación y le solicité que se recluyera allí y que convocase a Eliahu y que le preguntase si realmente era el Profeta Eliahu. El niño así hizo y recibió la siguiente respuesta: “Sí, soy realmente Eliahu. ¿Por qué Iehuda (se refería a mí, el autor) duda de mí?” Categóricamente dije al niño: “No es el Profeta Eliahu, sino un demonio que se presenta con un nombre idéntico al del Profeta. Ven, recitaré unas plegarias y Eliahu huirá de ti”.
Pero el niño replicó: “Sin ninguna duda, no se trata de un demonio, sino es el Profeta Eliahu. Pero no importa, realice los procedimientos que usted crea necesario y veremos quién tiene razón”. Acto seguido le apliqué al niño las técnicas de exorcismo: elevé las plegarias contra los demonios, acción que reiteré tres veces. Luego, el niño se recluyó nuevamente en la habitación para verificar si Eliahu se le volvía a presentar o no. El niño lo invocó y Eliahu se presentó como habitualmente lo hacía. Y realmente me sorprendió, porque las técnicas de exorcismo debieron haber surtido efecto. Entonces llevé al niño a visitar a otro especialista, Rabi Shimon Agasi, quien después de haberlo examinado concluyó que no era un demonio el que hablaba desde dentro de él, sino el mismísimo Profeta Eliahu. Pero no concordé con él y seguí sosteniendo que, efectivamente, se trataba de un mero demonio. Para dirimir la cuestión, nos pusimos de acuerdo en presentar el caso ante Rabi Iaacov, hijo de Rabi Iosef Jaim (autor del Ben Ish Jai), quien después de haber examinado al niño determinó que se trataba del Profeta Eliahu y no de un demonio.
Mi opinión difería de la de ambos y descalifiqué sus pruebas; y les pedí que me permitiesen analizar al niño nuevamente. Así, instruí al niño para que le pidiese a ese espíritu (que se presentaba como el profeta Eliahu) que le tradujese el siguiente versículo del Libro de Irmeiahu (Jeremías): Kidna temrún lehom Ela-haia DiShmaya vearka lo avadú ievadú meará umin tejót Shemaiaa eleh. (“Entonces les dirán: los ídolos que no han hecho ni el Cielo ni la tierra perecerán de la tierra y de debajo del Cielo”. Irmeiahu / Jer. 10:11). La idea era la siguiente: Si ese Eliahu podía traducir el versículo al árabe (que era la lengua que se hablaba en Bagdad, donde tuvo lugar el presente caso) muy probablemente se tratase efectivamente del Profeta Eliahu y no de un vil demonio; puesto que los demonios conocen el arameo, lengua que se hablaba en Babilonia y en la que está presentado el versículo en cuestión. Sin embargo, un demonio jamás querría escuchar semejante versículo ni menos traducirlo a una lengua popular (como era el árabe en aquel lugar y en aquel tiempo), puesto que el mismo se refiere a la destrucción de los demonios. Cuando el niño pidió a Eliahu que tradujese el citado versículo, aquel le respondió:
“No puedo demorarme, debo registrar los méritos de los israelitas y debo irme”. Luego, el niño me refirió la respuesta de Eliahu; y le dije: —Anda, invócalo nuevamente y dile así: “Es muy importante que me traduzcas ese versículo, para cerciorarme de que efectivamente eres el Profeta Eliahu (y no un demonio impostor)”. “Ya te lo he dicho, debo marcharme” —fue la respuesta de “Eliahu” al niño.. Dije entonces al niño que replicase a ese tal Eliahu lo siguiente: —Has hablado mucho y has permanecido aquí mucho tiempo. ¿No sería más fácil para ti traducirme ese versículo que continuar con esta conversación? Pues los Sabios no quedarán satisfechos si no logras traducirlo. Cuando el niño dijo esas palabras a Eliahu, éste juró:
—¡Así como Hashem vive, jamás volveré a revelarme ante ti, pues no me crees que soy el Profeta Eliahu!. Y así, ese espíritu que se presentaba como el profeta Eliahu desapareció inmediatamente para jamás volver a presentarse en ese niño. Luego del incidente, Rabi Agasi y Rabi Iaacov me dijeron: —En nuestra opinión se trataba efectivamente del Profeta Eliahu, pues ésa era la fórmula con que él solía jurar “¡Así como Hashem vive!”; y en el Talmud (tratado Meguilá 3a), los Sabios exponen que ni siquiera los demonios pronuncian el Nombre del Supremo en vano. Pero les respondí que ese Eliahu era un demonio; y que de ninguna manera hubo pronunciado el Nombre divino en falso, por dos motivos. Primero porque cumplió lo que prometió en el sentido de que desaparecería para jamás volver a revelarse en ese niño. Y segundo, en rigor de verdad no pronunció el Nombre divino, sino sólo una alusión al mismo, pues dijo ‘Así como Hashem vive...’.” (Dijo Hashem, que significa “el Nombre”, cuidándose de no llegar a pronunciar el Nombre explícitamente). Finalmente, los otros dos Sabios concordaron conmigo.