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Cada Hormiga su Trabajo | Cuento infantil


Este es el primer cuento infantil que subimos a Youtube junto a mi esposa.

Cada Hormiga Su Trabajo

Cuentos para Chiquitos

En el corazón del hormiguero, donde los túneles se entrelazaban como venas bajo la tierra, vivían dos amigas hormigas: Lila y Miga, la hormiga. Lila era conocida por su entusiasmo y patas veloces, siempre lista para explorar. Miga, la hormiga, en cambio, era más tranquila y reflexiva, pero con una curiosidad que la llevaba a detenerse en cada detalle del camino.

Un día, la Reina Hormiga, majestuosa en su cámara real, las llamó a su presencia. Su voz, aunque suave, resonaba con la autoridad de quien guía a toda una colonia.

“Lila,” dijo la Reina, extendiendo una antena hacia la hormiga veloz, “necesito que me traigas la hoja más fresca y verde que encuentres. La usaremos para acolchar la cuna de las nuevas larvas.”

Luego, giró su cabeza hacia Miga, la hormiga y dijo: “Y tú, Miga, ve al huerto y tráeme un trozo de manzana dulce. Las obreras necesitan energía para el trabajo nocturno.”

Lila y Miga asintieron con diligencia, sintiéndose importantes por la confianza de la Reina. Salieron del hormiguero con la luz del sol filtrándose entre las briznas de hierba, cada una con su misión en mente.

Al principio, ambas hormigas se concentraron en sus tareas. Lila corrió entre las plantas buscando la hoja perfecta, mientras Miga, la hormiga, se dirigió con paso firme hacia el huerto, donde el aroma dulce de las manzanas maduras flotaba en el aire.

Pero el día era hermoso. El sol brillaba, las flores silvestres salpicaban el prado de colores vibrantes y el aire zumbaba con el canto de los grillos. Lila, mientras buscaba hojas, descubrió un grupo de mariquitas jugando a las carreras sobre un pétalo. Olvidando por completo la hoja, se unió al juego, riendo con las mariquitas mientras competían en velocidad.

Miga, por su parte, mientras se acercaba al huerto, encontró un charco de agua brillante. La luz del sol se reflejaba en la superficie, creando un espejo mágico. Fascinada, Miga olvidó la manzana y comenzó a jugar con su reflejo, haciendo piruetas y observando cómo su imagen la imitaba en el agua.

Las horas pasaron volando entre juegos y distracciones. Cuando el sol comenzó a declinar y las sombras se alargaron, Lila y su amiga, se dieron cuenta de que la noche se acercaba y… ¡ninguna había cumplido su misión! La hoja y la manzana seguían sin ser entregadas a la Reina.

Con el paso lento y la culpa pesándoles en las antenas, regresaron al hormiguero. La Reina Hormiga las esperaba en la entrada. Su postura era paciente, pero su mirada, firme.

“Lila,” preguntó simplemente la Reina, “¿y la hoja para las larvas?”.

Lila bajó la cabeza, avergonzada. “No, Majestad,” murmuró. “Me distraje… jugando con mariquitas. Pero… ¡Miga tampoco trajo su manzana!”, añadió rápidamente, señalando a su amiga con una antena, en un intento de justificarse.

La Reina Hormiga miró a Lila con serenidad, y luego se volvió hacia la otra hormiga, quien también se veía apenada.

“Miga,” preguntó con el mismo tono tranquilo, “¿y la manzana dulce para las obreras?”.

Miga negó con la cabeza, sin levantar la vista. “No, Reina. Me entretuve… con un charco brillante”.

La Reina Hormiga suspiró suavemente, observándolas en silencio por un momento. Luego, dijo con voz calmada, “Veo que el día les ofreció muchas… distracciones. Pero las larvas necesitan su lecho, y las obreras, su energía para la noche.”

Volvió a mirar a Lila, brevemente, y luego dijo, dirigiéndose a ambas: “Vayan ahora, juntas. La noche ya está aquí. Trabajen juntas para traer lo que se necesita.”

Lila se quedó en silencio, sintiendo el peso de la decepción en la voz de la Reina, aunque no hubiera reproches directos. Comenzó a entender que señalar a su amiga Miga no cambiaba el hecho de que ella no había cumplido con su tarea.

Por su parte, Miga, asintió sumisamente, también comprendiendo la suave reprimenda. La Reina no alzaba la voz, pero su silencio y su mirada eran más elocuentes que cualquier sermón.

“Esta noche,” añadió la Reina, con un tono que marcaba el final de la conversación, “ambas traerán lo que se les pidió”. Y con un leve movimiento de antena, las despidió.

Lila y Miga, salieron del hormiguero. Caminaron unos pasos en silencio, la incomodidad aún estaba presente entre ellas. Entonces, Lila se detuvo y miró a Miga su amiga, o quizás no tan amiga, a los ojos y le dijo: “Amiga,” añadió con voz suave, “lo siento. No debí culparte delante de la Reina. No fue tu culpa que yo no trajera la hoja y también fue mi culpa que no trajéramos nada. Me dejé distraer por las mariquitas.”

Una pequeña sonrisa se asomó entre las antenas de Miga. “Está bien, Lila,” respondió. “Yo también me distraje mucho. Empecemos de nuevo, ¿sí?”

Así, juntas, ahora con un nuevo ánimo, buscaron bajo la luz de la luna. Y esta vez, todo fue diferente. Trabajaron en equipo, ayudándose mutuamente. Encontraron la hoja más verde y la manzana más dulce, y regresaron al hormiguero con sus cargas, sintiéndose orgullosas y unidas de nuevo.

La Reina Hormiga las esperaba, y esta vez, su mirada era cálida y sonriente. “Veo que han regresado juntas, y con lo que se necesitaba,” dijo con satisfacción. “Me alegra que hayan aprendido la lección. Por su esfuerzo y por haber trabajado juntas para enmendar su error, esta noche tendrán un premio especial.” La Reina señaló con su antena hacia una pequeña cámara lateral, donde gotas de rocío azucarado brillaban como gemas bajo la luz tenue del hormiguero. “Compartan estas gotas de rocío dulce. Disfruten juntas de su recompensa.”

Lila y Miga se miraron con alegría, y luego a la Reina, agradecidas. Habían aprendido una lección importante sobre la responsabilidad y la amistad. Y juntas, disfrutaron del dulce premio, sabiendo que la verdadera recompensa era haber recuperado su amistad y la confianza de la Reina.


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